Esa piel trémula que rosa la cara de la almohada, aún no creo que se pose en mi cama, su silueta imperfecta hace de mi mirada una aventura para disfrutar su ser, amo su carne con olor a jabón y agua de estanque con moho que yació en sus ojos color verde.
Miro sus pies que se entrelazan en los míos, compartiendo el frio que nos arrebata el sueño descarado, sé que aparenta su estado adormilado, no creo que tal belleza no sea intencional.
Recaigo en sus brazos tal como una cobija que busca un cuerpo para abrigar, una sonrisa cálida que se esconde en una tersa dureza, que hace que paulatinamente enloquezca.
El cómo no me importa, por momentos me gusta la fealdad como muchos la denominan, pues no tendré que sufrir el miedo de perderte, nadie sabrá el sabor que tu alba me brinda, nadie verá lo que veo en la ventana de tus ojos, pues primero se necesita ser ciego para amarte como yo os amo.
Te escribo en mi mente, pareces un libro que me deja imágenes de película, no hay copia, pues no tengo la máquina, ya no tengo manos a causa de tus dedos embaucadores.
Te podría escribir más, pero sé que tengo una cita en vuestros sueños, en una eternidad de besos …
Tatiana Castro
Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
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