martes, 12 de julio de 2011

En sábana

Se tocaban el cuerpo sin mirarse, se olvidaron de formalidades, se olvidaron de lo que los unió, pues en ese instante ya eran uno, ya se habían perdido en el frenesí de una excitación carnal que iba más allá, que los miraba con lujuria, que desde la primera cucharada de saliva la piel los llamaba.

En sabanas ajenas su mano se deslizaba sobre una cremallera que encajonaba con recelo el pecho de su conocida, baja lentamente, no quiere que su pulso se acelere, no la mira, no quiere caer en el engaño de una inocente que con su aroma lo sedujo. Ella, en medio de los actos, observa el cabello de aquel Don que la tocaba sin restricción, lo haló del pelo, sin abrir los ojos roza sus labios en unos torpes que sólo son la mitad del labio inferior, trata de no pensar en desilusión, sólo permite que él siga rasgando meticulosamente sus vestiduras, lo que perdía mientras en su cara se iluminaba la luna.

No tenían nada, sólo una delgada manta sobre sus cuerpos que sudaba igual que ellos, fue un momento nada más, no vale la pena imaginar la penetración, esa cuestión no la dejaron ver mientras espiaba en sus mentes.

La mujer que intenta poner pudor sobre su cuerpo, con las mejillas levemente rosas y con una mirada espinosa, no mira la cama, tan sólo se va, deja una nota, tan cuadrada como su alma, se va, toma un taxi, ve a su madre y se acuesta sin recordar nada …

Él lee, no le queda nada, una deuda vaga, por el uso de una sábana áspera, piensa en blanco, eso lo asusta, pues aquella le dejó sin nada, esa era la intención nada, pero  la maldita en su piel le confesó todo…


Tatiana Castro 

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