martes, 28 de junio de 2011

La caja de vidrio

Y en el desierto que hace que camine,
Y en las preguntas que hace pero que no le gusta responder,
Y me encuentro en su desconfianza de la vida,
Me encuentro en la caja de cristal que no me permite respirar.

Y así me encuentro perdida en mi cuarto,
La ventana tiene rejas, me siento presa, no por ellas, sino por ella, por su constante negación a que necesito respirar y que aunque me ahogue en lo pestilente de la sociedad, necesito intentar, dejar esta indigestión de seguridad.

Y no soy princesa de cuento,
No sueño con un príncipe al rescate, tampoco  soy de aquella ingenuidad estúpida,
No sueño sino con un par de alas, unas que no sean blancas, puesto que al final se ensuciaran.

No quiero una vida de sueño, sólo quiero vivir, sentir que ni el tiempo ni la hora me impide una caminata, dejar de sentir esta casa como un país con frontera sobre protectora en un terreno fértil, que necesita cambios para poder dar sus frutos propios.

La vida, esa que he visto pasar por la ventana de abarrotes,
Me produce curiosidad,
Desprecio mi vida, pues no ha comenzado, desprecio mi miedo,
Miedo a perderla, pero antes de eso miedo a perderme en el sedentarismo que esta normalidad rutinaria me brinda.

Y sigo acá escribiendo, mirando por la ventana mientras ella esta en su cama,
Después de diecisiete años sigo viviendo en el papel y ella me mantiene en el vidrio, este se esta cuarteando, este se opaca, esta llegando el momento de romper las hojas contra el vidrio, es hora de que las alas de un color cualquiera menos blanco se arriesguen en el vacio, en el viento, en el devenir del  día, en lo que no quiero pensar, en lo que ya pensé y quiero realizar.

La vida no ha de ser tan difícil,
Menos si se quiere vivirla,
La vida es difícil para aquel que no deja que otros vivan.


Tatiana Castro

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