Me he sabido refugiar en lo que los demás llaman normalidad, he dejado de escribir y he dejado de pensar de maneras en las que me sentía orgullosa y por qué no ególatra al ser. Sin embargo, no todos mis nuevos actos (la mayoría) han sido de mi libre albedrío, por el contrario, he callado mis pensares para inmiscuirme de algún modo en aquello que tanto repudio me genera.
No le pido me entienda, no le pido me disculpe de actos en los que los dos estábamos predispuestos a vivir; yo recuerdo lo que escribo pues mis letras son la única verdad tangible de lo que el nombre de Tatiana conlleva. Mi estimado amigo, amado y demás derivados que logré encontrar en su figura desgastada y maltratada, lo amo como nadie lo podrá amar, lo amo de las maneras más dolorosas y sensibles que un cuerpo puede experimentar.
La sociedad es un nombre que ha llenado mi vida de desilusiones no sólo con los que me rodean sino conmigo misma, el trabajo me limita y ahora me escapo para escribirle estas letras. ¿De qué me servía ser Tatiana, su Tatiana o por qué no la Tatiana de nadie? No me lo pregunto a mí, se lo pregunto a usted, fui agua en las manos. Recuerdo su piel, no como un tatuaje, eso es postizo, más bien como una verdad; una de las pocas que he resuelto decir.
Que si pienso como antes, evidentemente no puedo ser la misma de unos meses, le recuerdo mi polimorfismo que por si algo es el único derecho humano en el que me refugio a diario; quisiera sin duda tomar su mano, su pierna, sus ojos, todo aquello que lo conforma y comerlo en mi ser para cuidarlo de aquello que no depende de nosotros mismos. Soy una y soy muchas, soy la que le escribe pero ahora también la que no posee tiempo, la vida se nos ocupa en parpadeos involuntarios.
No me despido, usted es más que un punto final en cada capítulo de este libro que se leerá en desorden como Rayuela, sin embargo y aunque de paciencia no se vive le pido no niegue su ser a otra mujer con tiempo, que aunque yo trabaje, recuerde que en el bus me gusta leer.
Lo amo, en el sentido en el que la palabra no logra ser descrita en ningún diccionario.
Tatiana Castro
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