lunes, 28 de mayo de 2012

De la noche fuimos


Era yo en su pecho que ardía,
Quemábamos el llanto por penetrar el alma en segundos,
La noche acompañaba los más decadentes sentires,
comía en un cine que mostraba nuestra vida pasar, así, como si nada.
En dos horas un sudor que sabia a miel de piel,
una espalda amorfa que hacia perder los dedos en las cinturas ajenas.
Ame ese momento, creo que llegue a amarlo como a nadie,
me encontraba en la cumbre de mis sentidos,
entregando una vez mas mis sentires.

Las monedas caían de los bolsillos del pantalón que ya no vestía,
La blusa que rompía el intelecto y hacia decadente al cuerpo;
Éramos dos en una cama, en un cuarto de dos camas, un cuarto para nosotros;
Casi desconocidos, pero íntimos por un título de noviazgo seguramente efímero;
Caíamos en las pasiones olvidando que se tenia que esperar,
No queríamos esperar, no importaba el tiempo,
Importaban sus labios sobre los míos en un juego del yo no sé,
Del no sé donde tocar, del eterno resplandor de dos siluetas que sólo remedian besar.

Fuimos tan nuestros, entregamos la vida como si ya no fuésemos a vernos,
El tiempo nuestro enemigo, más mio que de nadie;
Mi querido, ¿sabe hace cuanto no agacho la cabeza y resigno mi orgullo de la soltería?
Sabe, le entrego el alma que nadie ha podido desencajonar,
Soy una y soy muchas como en tantos escritos he dejado,
Pero esa noche, la tenue sinceridad que yacía de sus labios me hizo ser una,
Ser suya …

Temo, temo a que no me entienda,
Temo a que se marche cuando yo hasta ahora empaco las maletas para volar de su mano,
En el sollozo de este escrito le entrego mis verdades,
Sentires que se esconden en un sinfín de sonrisas peyorantes a la realidad,
No creo en el amor, pero creo en usted,
No creo en los formalismos pero soy su mujer,
La muza no entendida,
La que todos subestiman,
Soy yo mi querido la mala de la historia, pero la que le escribe mil notas.

Usted se puede ir cuando quiera,
No seria yo si no lo dejase ir, pero le recuerdo que los recuerdos son mi condena,
Entre sábanas y miel estará mi, siendo suya como la noche,
Una luna ya gastada por tanto queso y pendejadas;
Le regalo mis noches, las más pasionales y las más eternas,
pues nunca olvidaré que esa noche lo amé.

Tatiana Castro

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